Por qué los políticos nunca se sientan en un banco

¿Porque temen ser acribillados a preguntas por el pueblo llano?  ¿Porque les avergüenza ver a los inmigrantes cuidando de nuestros ancianos? ¿Porque no les seduce dar de comer a las palomas? ¿O  porque no les gusta molestar con su culo caliente a esas barras frías?

¿Por qué lo cree usted, insigne ciudadano?

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Pinocho gobierna España

“–¡Muy bien! Ahora vente aquí, a mi lado, y cuéntame cómo caíste en manos de
los ladrones.
Pues fue que Tragalumbre me dio cinco monedas de oro y me dijo: “Llévaselas a
tu papa”, y en el camino me encontré una zorra y un gato, dos personas muy
buenas, que me dijeron: ¿Quieres que esas monedas se conviertan en mil o en dos
mil! Vente con nosotros y te llevaremos al Campo de los Milagros. Y yo les dije:
“Vamos”. Y ellos dijeron: “Nos detendremos un rato en la posada de El Cangrejo
Rojo, y cuando sea media noche seguiremos nuestro camino.” Cuando yo me
desperté ya no estaban allí, porque se habían marchado. Entonces yo me marché
también. Y hacía una noche tan oscura que apenas se podía andar. Y me encontré
con dos ladrones metidos en dos sacos de carbón, que me dijeron: ¡Danos el
dinero!” y yo les dije: “No tengo ningún dinero”. Porque me había escondido las
monedas de oro en la boca. Y uno de los ladrones quiso meterme la mano en la
boca, yo se la corté de un mordisco; pero al escupirla me encontré con que, en
vez de una mano, era la zarpa de un gato. Y los ladrones echaron a correr detrás
de mí; y yo corre que te corre, hasta que me alcanzaron; Y entonces me colgaron
por el cuello en un árbol del bosque, diciendo: “Mañana volveremos, y estarás
bien muerto y con la boca abierta, y entonces te sacaremos las monedas de oro
que tienes escondidas debajo de la lengua”.
–¿Y dónde tienes las cuatro monedas de oro?–le preguntó el Hada.
–¡Las he perdido!– respondió Pinocho; pero era mentira porque las tenía en el
bolsillo.
Apenas había dicho esta mentira, la nariz del muñeco, que ya era muy larga,
creció más de dos dedos.
–¿Dónde las has perdido?
–En el bosque.
A esta segunda mentira siguió creciendo la nariz.
–Si las has perdido en el bosque– dijo el Hada–, las buscaremos, y de seguro
que hemos de encontrarlas, porque todo lo que se pierde en este bosque se
encuentra siempre.
–Ahora que me acuerdo bien– dijo el muñeco, embrollándose cada vez más–, no
las he perdido, sino que me las he tragado sin querer al tomar la medicina.
A esta tercera mentira se le alargó, la nariz de un modo tan extraordinario que el
pobre Pinocho no podía ya volverse en ninguna dirección. Si se volvía de un lado,
tropezaba con la cama o con los cristales de la ventana; si se volvía de otro lado,
tropezaba con la pared o con la puerta del cuarto, y si levantaba la cabeza, corría
el riesgo de meter al Hada por un ojo la punta de aquella nariz fenomenal.
El Hada le miraba y se reía.
–¿Por que te ríes?– preguntó el muñeco, confuso y pensativo, al ver cómo crecía
su nariz por momentos.
–Me río de las mentiras que has dicho.
–¿Y cómo sabes que he dicho mentiras?
–Las mentiras, hijo mío, se conocen en seguida, porque las hay de dos clases: las
mentiras que tienen las piernas cortas, y las que tienen la nariz larga. Las tuyas,
por lo visto, son de las que tienen la nariz larga.

Sintió Pinocho tanta vergüenza, que no sabiendo donde esconderse, trató de salir
de la habitación. Pero no le fue posible: tanto le había crecido la nariz, que no
podía pasar por la puerta.”

Cuento popular (escrito, no obstante, por Carlo Collodi).

Por la Cultura, por la Memoria, por la República Española

“Doña Paquita, una maestra republicana en Granada

Ex alumnos de la Academia Nuestra Señora del Carmen, la única escuela laica de la ciudad durante la Guerra Civil y la Dictadura, homenajean en un libro a su fundadora

A. Beauchy / Granada | Actualizado 12.04.2012 – 09:35

Doña Paquita fundó en los años 20 del siglo pasado la única escuela laica de Granada que sobrevivió a la Guerra Civil y a la Dictadura. Maestra autodidacta y progresista, su educación en valores republicanos dejó una profunda huella en sus alumnos, hasta el punto de que un grupo de ellos ha recopilado en un libro lo que significaron sus enseñanzas en una Granada adversa, la de la posguerra, donde “todo estaba prohibido o era pecado”. En memoria de Doña Paquita incluye las memorias de una de sus nietas, Carmen Pérez Vera, tituladas Pretérito Indefinido, y una serie de escritos de sus ex alumnos que esta tarde se reunirán en la Biblioteca de Andalucía para presentar el libro.

Promovido por dos de ellos, la historiadora Antonina Rodrigo y el profesor Federico Hernández Meyer, la publicación que hoy se presenta es un homenaje a “la memoria de tantas otras maestras y maestros represaliados en Granada”, como se destaca en el libro.

Las memorias vivas de Doña Paquita están contadas desde una visión infantil, la mirada de la niña Carmen, que arranca sus recuerdos con el regreso de la guerra de su padre y, con la figura de su abuela como eje de la historia, va recreando en cada capítulo la casa-vivienda-colegio donde estudiaron centenares de niños.

Francisca Casares Contreras (1886-1950) se quedó viuda muy joven y, con dos niños, decidió montar un colegio en el número 15 de la calle Enriqueta Lozano (entre la Cuesta del Pescado, la Carrera de la Virgen, la Plaza Mariana Pineda, la Manigua y el Cuarto Real de Santo Domingo), aunque, en la década de los 50, su hija (también llamada Doña Francisca) lo trasladaría a la calle Molinos.

De este centro mixto salen generaciones de mujeres y hombres que, como apunta Hernández Meyer, “no sólo se saben de memoria montes, ríos y cabos, sino que se conocían al dedillo autores y obras literarias, eran capaces de resolver teoremas y ecuaciones” y, lo más importante, “gozaban de la suficiente preparación como personas para sobrevivir a aquella Granada triste de entonces”. Para este ex alumno, la labor docente de Doña Paquita se caracterizó por su gran dosis de preocupación por lo social e influyó en la esfera familiar y social de sus alumnos, dice con motivo del 62 aniversario de su fallecimiento.

La historiadora Antonina Rodrigo afirma que “en cuanto tuvo conciencia de lo que suponía ser una maestra republicana y mantener sus valores cívicos en circunstancias tan adversas” sintió que debía rendir homenaje a esta mujer. “Nos hacía leer a Don Quijote de la Mancha o el Corazón y no sabíamos que aquellas lecturas eran un acto en sí clandestino en la Granada oscurantista y represiva de la posguerra”. Todo un contrapunto al régimen que, como detalla Antonina, “ya se guardaba de cegarnos la luz del entendimiento con normas y libros antipedagógicos que habían derogado los progresistas conceptos de la reforma docente llevada a cabo por la Segunda república”.

Otra de sus ex alumnas, Tica Fernández-Montesinos, hija de Concha García Lorca y del médico y alcalde de Granada (fusilado en 1936 días antes que a su tío y padrino Federico García Lorca) evoca en sus memorias que, ante el obligado adoctrinamiento, “cuando mi hermano Manolo y yo íbamos a hacer la Primera Comunión, mi madre nos llevó al único colegio que había en Granada, a la escuela de Doña Paquita, para que nos prepararan”.

Tica le dedica también un hermoso recuerdo a su maestra, de quien dice que “explicaba, con palabras sencillas y sin ningún dogmatismo, el significado del sacramento para el que nos estaba preparando”. Y añade que “salir de la Huerta fue como un alivio ya que en ella, a pesar del esfuerzo que hacían los mayores por ocultarlo, sólo se respiraba el dolor por la ausencia de nuestros dos muertos”. Tica la define en una frase: “Doña Paquita era una persona inteligente, abierta y generosa, como buena republicana”.

Esta maestra se esforzó siempre para que las niñas listas de familias humildes, por el mero hecho de ser niñas y sin dinero, no tuvieran que dejar el colegio y pudieran seguir estudiando sin cobrarles nada, aunque “eso era algo difícil de conseguir que los padres lo comprendan”, opina Federico Hernández Meyer.

La presentación de este libro coincide con las III Jornadas sobre Republicanismo Español que ha organizado la Universidad de Granada en Ciencias Políticas, en la que la historiadora Antonina Rodrigo impartió ayer una conferencia sobre Las heroínas de la libertad haciendo mención especial a su maestra. Con esta publicación se ha abierto una puerta a la memoria histórica que no desean cerrar, de hecho en el libro solicitan que, “quien sea o conozca a alguna antigua alumna o alumno, se ponga en contacto por correo electrónico con hernandez2738@gmail.com con el fin de ampliar la lista para una posible segunda edición”.

El director del IES Hermenegildo Lanz, Raimundo Fornieles, es otro de los ex alumnos que ha dejado su impronta en las memorias de Doña Paquita, pues, según él, ha sido un referente en su larga singladura de más de 38 años de docencia. Fornieles recuerda que en su colegio tenían clases de lunes a sábado (mañanas y tardes), que entonces los maestros no eran especialistas en ciencias o letras y que estaban mezclados niños de distintas edades. “Maestra es quien enseña con el ejemplo, quien posee los dones de la generosidad, la justicia y la bondad. Esa era Doña Paquita”, rememora.”