TOTUS TUUS

Hace un par de semanas fui un sábado por la noche con unos amigos a tomar unos vinos  a un conocido, céntrico y emblemático bar-restaurante de Granada. Estaba lleno y, después, acabó abarrotado –gracias, rubia, por la defensa numantina del sitio-. Tras acomodarnos como pudimos, me dediqué a fisgonear un rato a la clientela, como casi siempre suelo hacer. Todo mas o menos como lo dejé la última vez que lo visité, hace ya algún tiempo. Quizás, al fondo, un grupo bullicioso de tíos con indumentarias de colores llamativos, colgantes en las orejas y algún que otro tatuaje, rompían el paisaje urbano que esperaba encontrar. El resto eran parejas y matrimonios, sobre todo. Ya iba a meterme en mi pequeña y particular  pecera cuando vi que dos de los tipos del grupo se deban varios picos. Con disimulo mire a mi alrededor. Ninguno de los presentes les prestó atención, salvo un trío de chavales que estaban en el lado opuesto que sí les observaban pero en los que perdí menos tiempo de lo que se tarda en escribir esto en analizar esa mirada. El caso es que nadie dijo ni mu. Normal, pensará alguien. No tan normal en ese contexto, contesto yo.

Me vino entonces el pensamiento de que quizás esta naturalidad con la que unos se comportaban y con la que los otros correspondían tenían que ver con la sentencia que el Tribunal Constitucional ha promulgado por la que en España el hombre puede amar a una mujer, y a otro hombre, y la mujer puede amar a un hombre, y a otra mujer; legalmente en cualquier caso. Que no hay diferencias entre el matrimonio de heterosexuales y el de homosexuales, como pretendía la rancia, casposa y recurrente derecha, que lo ha tenido que aceptar. Que todo el mundo tiene derecho a que su unión sea reconocida por los demás en los mismos términos, sin discriminación. Y que eso suponía que personas que habían estado durmiendo durante siglos (¿milenios?) su orientación sexual porque demostrarla suponía el castigo social en las formas más variadas que la crueldad humana pueda aplicar, ahora podían ya no solo mostrarse en público sino ser reconocidas como una más, o, nunca mejor dicho, dos más. Y que eso era bueno no solo para ellos sino para todos. Enfrentar el prejuicio de que la diferencia entre nosotros nos resta la humanidad que compartimos, superar el miedo y el rechazo que nos produce lo distinto, es derrumbar los muros que nos separan a los seres humanos. Y esta es una conquista que nos beneficia a todos.

Después, todo siguió como debía seguir. Los demás, a su bola, imagino, y yo con los míos, con los que disfruté como solo se puede cuando estás entre amigos.

Por un momento me sentí orgulloso de este país.

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El juez de la horca

España es un país inserto en una paradoja. En los 80, El PSOE impulsó una brutal reconversión industrial. En los 90, el gobierno de Aznar acabó con el servicio militar obligatorio. En los 2000, un gobierno que presumía ser de izquierdas impuso unos recortes sociales draconianos. En esta década, asistimos atónitos al enjuiciamiento ante el Tribunal Supremo del único magistrado que ha instruido una causa contra el franquismo. Colectivos próximos a aquella ideología le acusan de querer investigar sus crímenes. Cuando Argentina pregunta si hay algún procedimiento abierto en España que le impida tramitar las denuncias allí presentadas, la respuesta es: el que ha sentado a Garzón en el banquillo. Por insólito que parezca, su juicio es el único proceso donde los descendientes de las víctimas de la dictadura fascista han podido testificar sobre los horrores cometidos con sus familiares. La Fiscalía, que con tanto ahínco ha defendido al magistrado, tarda 6 meses en decidir quién es competente para conocer la denuncia interpuesta contra la Real Academia de la Historia por entradas en su Diccionario Biográfico que pretendía rehabilitar aquel régimen condenado internacionalmente.

“Atado y bien atado”, dijo el verdugo en su testamento, y surge la pregunta de si este bucle de la Historia en el que vivimos no es el resultado de aquel nudo. Carecimos de fuerza en la Transición para cortarlo pero ¿no es hora ya de desatarlo? Por momentos parece que nuestra democracia vive en precario, entre cabos sueltos que te muestran, cuando trepas por ellos, la feroz atadura de quienes realmente tienen el poder. Hoy la soga se ha convertido en una serpiente enredada sobre si que forma el lazo de la horca.

Y nos mira.

Quienes defienden la Causa General contra Garzón y la condena en el primero de los juicios dicen que no es más que la demostración de que el Estado de Derecho funciona y es capaz de aplicar la ley a uno de los suyos. Bien, si esto es así, por favor, ¿me aclaran estas dudas?

En el primer juicio: ¿por qué, si el querellante considera que hay una tan grave violación del derecho defensa, la querella sólo se dirigió contra el magistrado que acordó las escuchas y no también contra el que decidió continuarlas?

En el segundo de los juicios: ¿cómo es posible que el magistrado instructor haya cometido tan grave irregularidad como asesorar a la acusación en sus escritos, hecho que consiguió que tres de los siete miembros que conformaban el Tribunal fueran partidarios de anular el juicio, sin que esto haya suscitado ninguna reacción por parte del propio Tribunal o del órgano que gobierna a los jueces? El Fiscal dijo sobre este asesoramiento que era insólito y que no había visto nada igual en sus más de 30 años de ejercicio profesional.

En el tercer juicio: ¿por qué el querellante olvidó al que pagó y solo se dirigió contra el que presuntamente fue pagado? ¿No es el soborno un delito que afecta a ambas partes? ¿Por qué el instructor no imputó a los presuntos pagadores, si como dice en su Auto, estaba convencido de que mentian? ¿No es curioso que sólo se planteara la imputación de Botín cuando, según parece, el delito estaba prescrito?

Y para toda la Causa General: ¿cómo es posible que el órgano que tienen constitucionalmente encomendada la función de perseguir los delitos, la Fiscalía, no haya encontrado indicio en las tres causas dirigidas contra el juez Garzón de ninguno? ¿Será porque no los había?

Y miré fijamente a la serpiente…

Iwao Hakamada, 43 años en el corredor de la muerte

Me llamo Kumamoto Norimichi.  Yo era uno de los tres jueces que debía dictar sentencia en la causa instruida en 1968 contra Iwao Hakamada. Objetivamente, las pruebas de que él hubiera cometido el crimen eran prácticamente inexistentes, pero no pude convencer a los otros dos jueces, así que tuve que declararlo culpable. No pude soportar la carga sobre mi conciencia, por lo que a los seis meses renuncié a mi puesto de juez. Todavía hoy me siento culpable. Nunca será suficiente mi arrepentimiento por lo que hice”.

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Troy Davis: “Culpable” hasta que se demuestre lo contrario

Última hora: Firmada la orden de ejecución. Su tiempo se agota. El pasado 6 de septiembre, un juez de Georgia firmó la orden de ejecución de Troy Davis por la que autoriza al estado a ejecutarlo el 21 de septiembre, a pesar de que siguen siendo muchas las dudas sobre su culpabilidad. AHORA MÁS QUE NUNCA, NECESITAMOS TU APOYO PARA DETENER ESTA EJECUCIÓN.

Troy Davis

Troy Davis © Georgia Department of Corrections

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