Imperios

            El otro día tuve conocimiento de una serie llamada Imperio que llamó mi atención. No tanto por lo novedoso del tema sino porque confirmara una apreciación que hace tiempo tengo. En el capítulo que vi se disecionaba al Imperio Británico y se establecían las bases de su poderío: la esclavitud y el latrocinio. ¡Por fin! Exclamé. Por fin alguien que llama a las cosas por su nombre. Y el nombre de las cosas es que no ha habido mayor asesino, ladrón y violador en la Historia que un conquistador, y que la jerarquía entre ellos se establece por el número de kilolitros de sangre que ha sido capaz de verter. Que la creación de un Imperio es obra del pillaje, el genocidio y aquellos otros delitos que los hombres ignoramos al escribir la Historia porque afectan a las mujeres. A mi me enseñaron en el colegio que los conquistadores eran grandes hombres, salvo los morenos o amarillos que quisieron conquistarnos: Atila era un bárbaro, Gengis Kahn, un asesino de masas, pero Alejandro era Grande, los romanos expandieron la civilización por el mundo conocido –léase esclavitud- y Cortés, Pizarro y demás, el cristianismo –léase exterminio-. Menos mal que Colón siempre tuvo claro que quería las riquezas de la India y no extender el poder de Castilla. Por cierto, sobre la labor mesiánica de Occidente solo hay que atender al terror que asoló el Congo cuando era propiedad del rey Leopoldo de Bélgica, reflejado en libros tan espléndidos como El Corazón de las Tinieblas –Conrad- o El Sueño del Celta –Vargas Llosa-, extensible este último al Amazonas y el negocio del caucho. O como el Imperio Británico promovió una guerra contra China porque su Emperador no quería que sus súbditos consumieran el opio que traficaban los ingleses-¡pero qué estrecho de miras! -. Solo unos  ejemplos. Ignoro si en las escuelas se sigue afirmando que estos hombre que decidieron someter a otros son digno de admiración e imitación. Pero creo que no se dice lo que debiera enseñarse: que todo aquel que codicia lo que le es ajeno es un delincuente, si lo obtiene mediante la guerra, un criminal de guerra, y si funda un Imperio con sus saqueos, un dios. Aplíquese también a los monarcas.

Anuncios

Por la Cultura, por la Memoria, por la República Española

“Doña Paquita, una maestra republicana en Granada

Ex alumnos de la Academia Nuestra Señora del Carmen, la única escuela laica de la ciudad durante la Guerra Civil y la Dictadura, homenajean en un libro a su fundadora

A. Beauchy / Granada | Actualizado 12.04.2012 – 09:35

Doña Paquita fundó en los años 20 del siglo pasado la única escuela laica de Granada que sobrevivió a la Guerra Civil y a la Dictadura. Maestra autodidacta y progresista, su educación en valores republicanos dejó una profunda huella en sus alumnos, hasta el punto de que un grupo de ellos ha recopilado en un libro lo que significaron sus enseñanzas en una Granada adversa, la de la posguerra, donde “todo estaba prohibido o era pecado”. En memoria de Doña Paquita incluye las memorias de una de sus nietas, Carmen Pérez Vera, tituladas Pretérito Indefinido, y una serie de escritos de sus ex alumnos que esta tarde se reunirán en la Biblioteca de Andalucía para presentar el libro.

Promovido por dos de ellos, la historiadora Antonina Rodrigo y el profesor Federico Hernández Meyer, la publicación que hoy se presenta es un homenaje a “la memoria de tantas otras maestras y maestros represaliados en Granada”, como se destaca en el libro.

Las memorias vivas de Doña Paquita están contadas desde una visión infantil, la mirada de la niña Carmen, que arranca sus recuerdos con el regreso de la guerra de su padre y, con la figura de su abuela como eje de la historia, va recreando en cada capítulo la casa-vivienda-colegio donde estudiaron centenares de niños.

Francisca Casares Contreras (1886-1950) se quedó viuda muy joven y, con dos niños, decidió montar un colegio en el número 15 de la calle Enriqueta Lozano (entre la Cuesta del Pescado, la Carrera de la Virgen, la Plaza Mariana Pineda, la Manigua y el Cuarto Real de Santo Domingo), aunque, en la década de los 50, su hija (también llamada Doña Francisca) lo trasladaría a la calle Molinos.

De este centro mixto salen generaciones de mujeres y hombres que, como apunta Hernández Meyer, “no sólo se saben de memoria montes, ríos y cabos, sino que se conocían al dedillo autores y obras literarias, eran capaces de resolver teoremas y ecuaciones” y, lo más importante, “gozaban de la suficiente preparación como personas para sobrevivir a aquella Granada triste de entonces”. Para este ex alumno, la labor docente de Doña Paquita se caracterizó por su gran dosis de preocupación por lo social e influyó en la esfera familiar y social de sus alumnos, dice con motivo del 62 aniversario de su fallecimiento.

La historiadora Antonina Rodrigo afirma que “en cuanto tuvo conciencia de lo que suponía ser una maestra republicana y mantener sus valores cívicos en circunstancias tan adversas” sintió que debía rendir homenaje a esta mujer. “Nos hacía leer a Don Quijote de la Mancha o el Corazón y no sabíamos que aquellas lecturas eran un acto en sí clandestino en la Granada oscurantista y represiva de la posguerra”. Todo un contrapunto al régimen que, como detalla Antonina, “ya se guardaba de cegarnos la luz del entendimiento con normas y libros antipedagógicos que habían derogado los progresistas conceptos de la reforma docente llevada a cabo por la Segunda república”.

Otra de sus ex alumnas, Tica Fernández-Montesinos, hija de Concha García Lorca y del médico y alcalde de Granada (fusilado en 1936 días antes que a su tío y padrino Federico García Lorca) evoca en sus memorias que, ante el obligado adoctrinamiento, “cuando mi hermano Manolo y yo íbamos a hacer la Primera Comunión, mi madre nos llevó al único colegio que había en Granada, a la escuela de Doña Paquita, para que nos prepararan”.

Tica le dedica también un hermoso recuerdo a su maestra, de quien dice que “explicaba, con palabras sencillas y sin ningún dogmatismo, el significado del sacramento para el que nos estaba preparando”. Y añade que “salir de la Huerta fue como un alivio ya que en ella, a pesar del esfuerzo que hacían los mayores por ocultarlo, sólo se respiraba el dolor por la ausencia de nuestros dos muertos”. Tica la define en una frase: “Doña Paquita era una persona inteligente, abierta y generosa, como buena republicana”.

Esta maestra se esforzó siempre para que las niñas listas de familias humildes, por el mero hecho de ser niñas y sin dinero, no tuvieran que dejar el colegio y pudieran seguir estudiando sin cobrarles nada, aunque “eso era algo difícil de conseguir que los padres lo comprendan”, opina Federico Hernández Meyer.

La presentación de este libro coincide con las III Jornadas sobre Republicanismo Español que ha organizado la Universidad de Granada en Ciencias Políticas, en la que la historiadora Antonina Rodrigo impartió ayer una conferencia sobre Las heroínas de la libertad haciendo mención especial a su maestra. Con esta publicación se ha abierto una puerta a la memoria histórica que no desean cerrar, de hecho en el libro solicitan que, “quien sea o conozca a alguna antigua alumna o alumno, se ponga en contacto por correo electrónico con hernandez2738@gmail.com con el fin de ampliar la lista para una posible segunda edición”.

El director del IES Hermenegildo Lanz, Raimundo Fornieles, es otro de los ex alumnos que ha dejado su impronta en las memorias de Doña Paquita, pues, según él, ha sido un referente en su larga singladura de más de 38 años de docencia. Fornieles recuerda que en su colegio tenían clases de lunes a sábado (mañanas y tardes), que entonces los maestros no eran especialistas en ciencias o letras y que estaban mezclados niños de distintas edades. “Maestra es quien enseña con el ejemplo, quien posee los dones de la generosidad, la justicia y la bondad. Esa era Doña Paquita”, rememora.”