Edward Hopper I

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The Long LegAutorretraroCompartment C, Car 293.1938Interior VeranoMuchacha cosiendo a máquina_1921Motel en el Oeste_1957
Intermedio_1963Grupo de gente al sol.1960Luz del sol en una cafetería_1958Autovía de cuatro carriles_1956Conversación nocturna.1949Mañana en una ciudad.1924
Ground swell.1939Hotel junto a un terraplén de ferrocarril_1952Automat_1927Moonlight Interior_1921-23Cape Cod Evening.1939Hotel Lobby.1943Carretera de MaineOffice at night.1940lee_shoreEl PalacioHabitación de Hotel.1931Cape Cod Afternoon.1936

Edward Hopper I, un álbum en Flickr.

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Edward Hopper: reseña y obra

 “Para la mayoría de los europeos, Edward Hopper es un pintor que confirma la imagen que tienen de América. Las exposiciones mediante las que Hopper se dio a conocer a un numeroso público europeo, a finales de los años setenta, muestran que la razón de ello no ha de buscarse en una determinada manera de pintar, representativa de una escuela específicamente americana. Esenciales son más bien los temas mismos de los cuadros y el hecho de que las «escenas» representadas en los cuadros de Hopper muestren una codificación doble. La representación de un ambiente americano que aparece como característico está sujeta, lo mismo que la exactitud de los detalles, a una ley de extrañamiento que, en la plasmación de los aspectos de la vida moderna, hace que se destaquen sobre todo sus grietas. 

Por esta ambigüedad, que es también sinceridad estética, se explica que la obra de Hopper reciba su significado especial en América durante el apogeno de la modernidad en este país. No es raro que Jackson Pollock, abstracto, y Hopper, en general proclive a un nuevo realismo, hayan sido designados como los dos polos «del individualismo americano y de la integridad artística». 

Sin embargo, los rasgos realistas en los cuadros de Hopper están a veces tan acentuados que dan entrada a imágenes no claramente plasmadas o confieren a lo real un efecto fantástico. La visión pictórica de paisajes indica también imágenes arquetípicas: la experiencia de la «frontera», el encuentro del hombre y la naturaleza en el límite de la civilización, tratado desde el siglo XIX no sólo en textos de Nathaniel Hawthorne, Herman Melville o Edgar Allan Poe, sino también en cuadros de un Thomas Cole o de los paisajistas americanos de la Escuela del Río Hudson. Y así como el mito del espacio sin barreras en el espacio natural se convierte en los textos de Poe y Melville en rigidez y pérdida de la orientación, se transfigura también con frecuencia la representación de la naturaleza en los cuadros de Hopper. O está atravesada por los signos de la civilización –para ello figuran las vistas maníacamente repetidas de carreteras, pasos a nivel y faros- o los signos de la civilización se muestran perdidos y amenazados en una naturaleza intacta; ésta es la impresión que despiertan la mayoría de los cuadros de casas pintados por Hopper. Por ello, con frecuencia sus cuadros esbozan para quien los contemplan no tanto perspectivas sino más bien hitos. No raras veces el artista pone en el lugar de la visión de la naturaleza, la visión de una ventana en un espacio interior…………..” 
Rolf G. Renner, “Edward Hopper, 1882-1967, Transformaciones de lo real”.